Renacer Físico

Durante mis primeros años de vida ocurrió una circunstancia que más tarde encendería en mí un ardiente deseo por encontrar respuestas. 

Lleno de vitalidad y energía incontenible, mis cuidadores en la guardería no sabían cómo lidiar conmigo, así que para no tener que hacerlo se les ocurrió encerrarme en un cuarto diminuto, en completa oscuridad, hasta el momento en que vinieran a recogerme. De este evento guardo una vaga memoria y la lejana sensación de haberme enfrentado con eso que los humanos llamamos “miedo”.

¿Qué relación hay entre la oscuridad y el miedo?

¿Por qué necesita el niño, para disipar los monstruos, una pequeña luz prendida que le guíe con seguridad por el mundo de los sueños?

¿Por qué a aquellos aspectos que no nos gustan de nosotros mismos, aquellos impulsos que aparecen sin previo aviso y ante los cuales nos sentimos impotentes, los denominamos “nuestra sombra”?

¿Qué relación hay entre la luz y la oscuridad? ¿Qué es el miedo? ¿Y qué es la oscuridad?

Dice una antigua enseñanza que para poder ver hay que cerrar los ojos. El propio Yogananda, uno de los grandes maestros espirituales del siglo xx, tuvo una visión reveladora en su niñez después de preguntarse: “¿Qué hay tras la oscuridad de los ojos cerrados?”

Existe una relación entre la oscuridad y un tesoro escondido en nuestro interior.

En cuanto al miedo, éste es otro asunto. El miedo está grabado en el cuerpo; actúa como un dique que nos contiene e impide el libre paso de nuestro potencial, la libre expresión de nuestra verdadera naturaleza.

Las raíces del miedo están íntimamente ligadas con la ignorancia y el olvido. Ignoro quién soy, porque he olvidado quién soy en realidad.

Para descubrir qué se esconde tras la oscuridad de los ojos cerrados, qué hay más allá de los muros del miedo, uno debe em-prender (de nuevo, la luz) el camino de vuelta hacia sí mismo. Éste es el inicio del viaje: empezar a recordar.

El desafío de nuestros días es cambiar profundamente el mundo interior, sin más objeto o fin, que el mismo cambio interior. Las enseñanzas de nuestros antepasados dicen: «Así como es afuera, es adentro». Es decir, cualquier cambio que se realice en el interior se verá acompañado forzosamente por un cambio en el mundo exterior.

Parte I: Renacer Físico

Renacer Físico es la primera parte del programa de renacimiento.

En este intensivo se inicia el proceso de romper las cadenas que nos limitan, de liberación de memorias, patrones y heridas firmemente ancladas y grabadas en el cuerpo físico.

Programa Reducido

  • El programa Renacer para Ser: morir a lo que no somos
  • La transformación de la experiencia de vida
  • La auténtica naturaleza humana
  • Un viaje por la sabiduría profunda de los pueblos antiguos
  • Entrenamiento en el lenguaje del Corazón: primeras meditaciones
  • La Imaginería: un camino de sanación y transformación
  • Reconociendo nuestro cuerpo
  • Las memorias de los antepasados
  • Liberando las heridas en el cuerpo
  • Llamar a las puertas del Corazón

Las técnicas que se emplean en Renacer para Ser pertenecen a distintos campos de conocimiento. Algunas han sido usadas durante miles de años. Otras, han sido adaptadas para este nuevo tiempo o son completamente nuevas, surgidas dentro del programa de Renacimiento.

Las técnicas que la persona aprende y experimenta durante el programa de Renacimiento tienen varios efectos: aliviar el cuerpo, liberar el dolor o transformar el peso de una circunstancia traumática, hasta funciones básicas como recargar el cuerpo, llenarnos de vitalidad o recrearnos (volver a crearnos).