¿Por qué es más difícil meditar hoy que hace 30 años?

 In Meditación

Por qué es más difícil meditar Hoy: Parte I

“¿Lo es? ¿Es hoy más difícil meditar que hace 3 décadas, o 3 siglos o 3 milenios?

La respuesta es, sin lugar a dudas: quizá sí.

Comencemos por el “quizá no”: hoy tenemos a nuestro alcance un vasto conocimiento que los antiguos no tenían. ¿Quieres hacer meditación budista los lunes, taoísta los martes, sufí los miércoles, advaita los jueves, cristiana los viernes, meditación trascendental los sábados y descansar los domingos…? Puedes hacerlo. Tienes a tu disposición las vías para aprender cientos de técnicas distintas. La humanidad se encuentra en un punto en el tiempo en el que se está acercando más y más como especie. Las distancias se minimizan y el conocimiento viaja libremente por todo el planeta. Hoy puedes aprender sobre cualquier cosa, en cualquier momento. Incluso podemos asegurar que los creadores de esas disciplinas de meditación no disponían, ni por asomo, del conocimiento al que tú tienes acceso hoy. Sin embargo…

Quizá sí es más difícil meditar en estos días. ¿Por qué?

1- Hay más ruido colectivo

2- Hay más ruido personal

Con ruido me refiero a “algo que perturba o altera o estorba o impide” que yo pueda hacer mi práctica de meditación cuando me siento a ello.

El ruido colectivo es algo bastante literal. Esta perturbación es mucho mayor en este siglo xxi que hace 30 años pues somos más personas en la Tierra. Este ruido se genera principalmente de dos ámbitos: la tecnología (aparatos que hoy llenan nuestros espacios de distracción y de ondas; ondas que no existían hasta hace poco). Y, el foco más importante: el ruido ambiental que genera la propia mente humana; los cientos de pensamientos que recorren las mentes de las personas en cada minuto. Al ser más personas, hay más pensamientos. Por decirlo de algún modo, la contaminación más importante del entorno en el que vivimos no son los combustibles fósiles, los coches, las fábricas, las antenas de telefonía…, sino el pensamiento humano. “Lo que piensas, llena el espacio que habitas”. Y así los billones de personas que residen en la Tierra vuelcan todo lo que pasa por su mente hacia el entorno. ¿Alguna vez te has preguntado por qué es más fácil meditar a las 5 de la mañana que a las 12? Es simple. La gente está durmiendo… El ambiente está limpio, silencioso, agradable… E invita a meditar.

Respecto al ruido colectivo podríamos tener en cuenta además: los sonidos generados por el trabajo cotidiano, los conductores que se dirigen a la oficina, las obras en la calzada, las conversaciones subidas de tono, el tintineo de los mensajes en los teléfonos inteligentes…

¿Y qué ocurre con el ruido personal?

Hemos contemplado cómo el ruido de una persona en concreto (diferente a ti), te puede afectar cuando te sientas a hacer tu práctica meditativa. Pero, ¿qué ocurre con el ruido generado por tu propia mente?, ¿te afecta?, ¿te influye a la hora de hacer meditación? Sí, desde luego. Y sobre todo al principio, esta perturbación que es generada por uno mismo resulta más difícil de vencer que el ruido externo.

El ruido personal es la victoria de la mente sobre uno. ¿Alguna vez te ha ocurrido que, esperando en algún sitio (digamos la cola del banco), al ver que otra persona sacaba su teléfono móvil, inmediatamente tú sacaste el tuyo, aunque no tuvieras necesidad, aunque no tuvieras nada que mirar, ni hacer con él? Digamos que la respuesta es afirmativa. Lo que sucedió fue que nos dejamos vencer por la mente. A la mente le encanta la dispersión; le apasiona el ruido, la batalla de mil pensamientos entrecruzándose unos con otros, al mismo tiempo… Reproduzcamos esta fiesta mental:

“Pienso que es mejor que no llame a Juan”, “Pero si no le llamo puede que se enfade”, “Creo que dejé la ropa en la lavadora sin tender”, “¿No me dejaría también el fuego encendido?”, “No sé cómo voy a pagar la luz este mes”, “¡Pero cómo no voy a llamar a Juan, si Antonio me dijo que le llamara porque…!”, “Uy, alguien que saca un teléfono… Mejor saco el mío… y mientras pienso si le llamo… Uy, un vídeo de un gato haciéndose el muerto para que no le saquen a pasear…”

Cuando uno se sienta a la meditación, el principal obstáculo suele ser nuestra propia mente. Ésta nos bombardea con pensamientos inconexos que nada tienen que ver con lo que pretendemos hacer en ese momento. Nos manda un pensamiento sobre lo que tenemos que hacer por la tarde, o bien lo que haremos de comer, o si tengo que recoger al niño después de Judo o… (para más información de lo que le gusta hacer a la mente, diríjase al párrafo de arriba). Y este ruido mental nos expulsa, nos saca una y otra vez de la práctica meditativa.

¿Es acaso este ruido mental distinto en una persona del siglo xxi, que alguien del siglo xix u otro tiempo? Definitivamente, sí. Los avances tecnológicos han traído multitud de nuevas posibilidades y oportunidades. Pero también contribuyen a uno de los grandes males que aqueja a la humanidad hoy: el exceso de estimulación. Nos hemos acostumbrado a que nuestra atención baile de un estímulo a otro. A las personas cada vez les cuesta mantener la atención en una sola cosa por un largo período. Incluso alabamos a quien es capaz de hacer 3 ó 4 cosas al mismo tiempo.

–”Ése es un multitarea” –se dice con envidia, deseando tener la habilidad de llevar a cabo 10, 15 cosas a la vez… ¡Entonces se enterarían de lo que es ser un multitarea de verdad!

¿En qué afecta esta sobreestimulación? En el tema que nos ocupa, a la hora de meditar, es una pesadilla. El exceso de estímulos no sólo afecta al desarrollo de la atención, sino que trae consigo una buena carga de estrés. Éste se manifiesta de una manera muy concreta: “Cuando estoy aquí… quiero estar allí”. “Cuando estoy haciendo algo… deseo haberlo acabado… y estar haciendo ya lo que viene después”… Y así, hasta el infinito. De modo que cuando me siento a meditar, deseo acabar mi práctica… Quiero estar ya en otro sitio. Quiero pasar “a lo siguiente”. Y la meditación es justo lo contrario: es aterrizar, es vivir plenamente este instante como si no hubiera otro (un secreto: no lo hay).

¿Entonces, existe salvación para la especie humana? Sin lugar a dudas, quizá sí. Aunque sea más difícil meditar hoy  que hace 30 años, hay maneras de solucionar la sobreestimulación y el constante deseo de “pasar a lo siguiente”. La meditación en sí, limpia la mente, pone orden, nos libera de la carga de estrés… y un sinfín de efectos beneficiosos que contaré en otra ocasión. Una de las maneras que tenemos para mejorar nuestra práctica de meditación es poner el despertador un poquito antes. Levantarse 15, 20 minutos antes, cuando la noche está tranquila, cuando hay silencio y los ríos incesantes de pensamientos de la gente aún están en el séptimo sueño, ayuda a que la meditación sea más fácil. Ésta es una buena solución, para empezar. Hay más…, que compartiré contigo en la Parte II de este artículo, próximamente.

Gracias por haber dedicado tu atención a estas líneas. Hasta pronto.

Héctor Lajprem

 

 

 


 

Recent Posts

Leave a Comment