Lo único permanente es el Cambio

 In Espiritualidad

Dice la ciencia que nuestros pensamientos de ayer son (en más de un 90%) los mismos que los de hoy. Cada pensamiento (del orden de 70.000 al día) sacude nuestro cuerpo, provoca una respuesta fisiológica y despierta en nosotros una emoción (alineada con ese pensamiento). Esta emoción genera más pensamientos que apoyan cómo nos sentimos, lo que genera nuevas emociones… y así…, alimentamos nuestro ayer, para que se convierta en nuestro presente y futuro.

En definitiva, nos hemos programado para vivir en un tiempo que ya no existe. La realidad está en continuo cambio: no hay un día que sea igual a otro, no hay ni siquiera un momento que sea gemelo de otro. Como decía Heráclito: «No puedes meterte dos veces en el mismo río». La única constante en la vida, en nuestra realidad (tanto si logramos verlo, como si no) es el Cambio.

El pasado colorea nuestra experiencia, haciendo que la existencia parezca monótona, esculpida bajo un mismo patrón. Esto es debido a algo que todos los seres humanos tienen, a algo que se activa en la infancia, con nuestra primera experiencia dolorosa, con el primer desengaño, con la primera traición: es un sistema interno de supervivencia, de auto-protección… que simplemente busca proteger el corazón, ahorrarle sufrimiento, impedir que reciba más golpes. Y cuando uno deja de mirar la vida a través del ojo del Corazón…, en efecto, todo se vuelve gris y monótono.

Dicen algunos sabios de la antigüedad que uno no puede controlar la vida, ni aquello que nos sucede, pero sí cuál es la respuesta que vamos a dar en esa circunstancia, cómo nos vamos a expresar, qué decisión voy a tomar ante esa dificultad o reto. Quién decido Ser en cada momento es parte esencial de la humanidad. Quién. ¿Quién voy a ser? ¿Quién va a responder? Podemos elegir dos opciones: lo conocido o la incertidumbre.

1- Responder a la vida a través de lo conocido significa que mi respuesta será la misma que di ayer y antes de ayer y hace cinco y diez años. Esta elección está basada en el miedo. Todo lo que se desconoce es peligroso, potencialmente dañino para el corazón… A nivel inconsciente, la persona que decide ser hoy, el mismo que ayer, se dice: «Es mejor así… ya sabemos cómo fue la última vez que me atreví a abrir el corazón».

2- Responder a la vida desde la incertidumbre significa que la persona se rige por un único tiempo: Ahora. Desde la aceptación de que la realidad y lo que nos sucede está vivo y es cambiante, uno se abre a experimentar las distintas situaciones con el corazón abierto. A nivel inconsciente, la persona que decide ir más allá de sus creencias, pensamientos y emociones habituales, se dice: «Es mejor así… ya sabemos cómo fue la última vez que me escudé y cerré mi corazón».

La vida es significativa: tiene sentido; tiene propósito. Tiene un «Por qué» y un «Para qué». El dolor del pasado tiene un sentido. Los aprendizajes del pasado no son cadenas que nos convierten en robots. Los aprendizajes del pasado no nos dicen cómo actuar en una circunstancia que aún no ha sucedido. No sirven para eso. Los aprendizajes del pasado, tienen un propósito… no esclavizarnos a un tiempo que ya no existe, sino conducirnos (lenta o rápidamente) a descubrir «Quién soy realmente». Los aprendizajes del pasado nos recuerdan: «pase lo que pase, mantén tu inocencia. Vive desde el corazón».

Lo contrario a vivir desde el corazón, es arrastrarse por una pesada monotonía que es una muerte en vida.

Vivir desde el corazón es afrontar la constante de la vida: el cambio. Es aceptar los retos que la vida nos lanza con una sonrisa en los labios. Es salir del molde de la repetición. Es romper la coraza de los pensamientos. Es dejar que una voz (desconocida, pero nuestra) nos guíe a través de los desafíos y las dificultades. Es reposar en el silencio cuando se desata la tormenta. Es descansar pacientemente en la propia luz durante los momentos más oscuros. Es mirarse al espejo y reconocer que no era quien pensaba que era. Es saber a dónde me dirijo desde que nací. Es descubrir lo que he venido a dar al mundo. Es comprender qué mueve mi propio mundo. Es mirar cara a cara a la inteligencia amorosa que está detrás de todo lo que existe.

Vivir desde el corazón es despertar a una nueva aventura cada día. Es dialogar apasionadamente con un universo cambiante. Es ir de la mano del más viejo amigo en esta existencia (nuestro corazón). Y es escucharle. ¿Qué anhelas? ¿Qué quieres decir? ¿Qué quieres?…

  • Libertad; espacio; caminar; amplitud; colores; comunicarme; hablar; aprender y que la llama del aprendizaje arda de nuevo; extender mis brazos y mis alas; sonrisas (muchas sonrisas); juego y pasión; entusiasmo… da igual lo que haya, pero que haya entusiasmo; que la piel brille; que los ojos canten lo que ven; que mis oídos logren descifrar el canto de los pájaros; que el gris se pierda en un océano de aventuras que inspiren, que expandan, que llenen…

«¿Qué hay en mi corazón?», es una buena pregunta con la que contestar a la vida en ese momento en que ésta nos pone contra la pared. Cuando la vida nos lanza un desafío o nos zarandea con los firmes brazos del cambio… «¿Qué hay en mi corazón?»

Héctor Lajprem

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